Nos aferramos como podemos a las cosas, personas y realidades que queremos.
Nos aferramos tan fuerte que nos sangran las manos, se nos endurece el cuerpo, se nos acaba el aire.
Sacamos potencia de cada músculo, hueso, fibra, para no dejar ir eso que sostenemos, no con el cuerpo, sino con el espíritu.
Algunos creen erróneamente que no sabemos dejar ir. Sabemos dejar ir, sólo no queremos hacerlo.
Porque somos como un ejército: nunca dejamos a alguien atrás, y peleamos hasta que la última gota de sangre haya sido derramada.
Adiós
Ahora me despido, con la certeza de que voy a extrañarte, la nostalgia de imaginarte lejos de mí y la esperanza de que este amor no fue en vano.
En medio del adiós, me aferro al deseo de verte otra vez, cuando las heridas de este dolor hayan cerrado, aunque sea en brazos de alguien más.
Y será bello recordarte y recordar todo cuanto pude tener de ti, mientras sueño despierta realidades alternas en donde fuimos, juntos, por siempre felices.
Descubrí
Ayer te descubrí.
No eras un misterio ni un enigma,
no eras una pregunta tormentosa en mi cabeza,
no eras una incipiente posibilidad.
Eras solo un amigo, colega, compañero, vecino.
Eras un par de oídos atentos a los que relataba sin parar historias tristes y llenas de ingenua esperanza.
Eras una sonrisa esporádica.
Y de pronto, ayer, te descubrí.
Como un caudal infinito de risa y carcajada,
como un suave toque de mano que te llega al alma,
como una mirada cálida, atenta, detallista, desahuciada.
Descubrí tu percepción exagerada de mis atributos,
el pedestal imaginario e inexistente donde me elevas,
tu anhelo secreto de mis labios.
Y hoy, también te anhelo.
No eras un misterio ni un enigma,
no eras una pregunta tormentosa en mi cabeza,
no eras una incipiente posibilidad.
Eras solo un amigo, colega, compañero, vecino.
Eras un par de oídos atentos a los que relataba sin parar historias tristes y llenas de ingenua esperanza.
Eras una sonrisa esporádica.
Y de pronto, ayer, te descubrí.
Como un caudal infinito de risa y carcajada,
como un suave toque de mano que te llega al alma,
como una mirada cálida, atenta, detallista, desahuciada.
Descubrí tu percepción exagerada de mis atributos,
el pedestal imaginario e inexistente donde me elevas,
tu anhelo secreto de mis labios.
Y hoy, también te anhelo.
Carta a un amigo (3)
Amigo
Hoy tengo el corazon tan roto que no sé cómo curarlo. Me embarga un dolor tan grande, que siento que me quita la vida de a poco, que no existe tiempo suficiente en mil vidas para superar este sufrimiento.
Yo creo recordar que eras un romántico, tanto como yo, que creías en el amor bonito y en el amor por siempre.
¿Por qué nadie nos dijo que era tan difícil y tan doloroso? Que es una lucha tanto como una dicha y que exige de ti hasta la última gota de fuerza y todo lo que tu cuerpo da en voluntad. Que te quita todo lo que pudiera servir de consuelo.
¿Será posible que mi fe en ese tal amor que todo lo puede ha sido en vano? ¿Que es eso lo que me ha traído tanto dolor? ¿Que deseo algo que no existe? ¿Que me programé a mí misma para el fracaso?
No puede ser, ¿verdad?
Todas las historias, todos los poemas, todas las canciones, entonces, ¿mienten? ¿Tengo que creer que lo único que queda es conformarse con un querer simpático, una lujuria satisfecha y una compañía por defecto?
A quién más que a ti, que me conoce como nadie, puedo hacerle esas preguntas...
Me resisto a creer,
como me resisto a ser vencida por este enorme cansancio,
que esta esperanza mía es en vano.
Hoy tengo el corazon tan roto que no sé cómo curarlo. Me embarga un dolor tan grande, que siento que me quita la vida de a poco, que no existe tiempo suficiente en mil vidas para superar este sufrimiento.
Yo creo recordar que eras un romántico, tanto como yo, que creías en el amor bonito y en el amor por siempre.
¿Por qué nadie nos dijo que era tan difícil y tan doloroso? Que es una lucha tanto como una dicha y que exige de ti hasta la última gota de fuerza y todo lo que tu cuerpo da en voluntad. Que te quita todo lo que pudiera servir de consuelo.
¿Será posible que mi fe en ese tal amor que todo lo puede ha sido en vano? ¿Que es eso lo que me ha traído tanto dolor? ¿Que deseo algo que no existe? ¿Que me programé a mí misma para el fracaso?
No puede ser, ¿verdad?
Todas las historias, todos los poemas, todas las canciones, entonces, ¿mienten? ¿Tengo que creer que lo único que queda es conformarse con un querer simpático, una lujuria satisfecha y una compañía por defecto?
A quién más que a ti, que me conoce como nadie, puedo hacerle esas preguntas...
Me resisto a creer,
como me resisto a ser vencida por este enorme cansancio,
que esta esperanza mía es en vano.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)